Nos levantamos a las cuatro de la mañana para tomar el bus contratado por la parroquia Santo Tomás Apóstol, de La Pintana, y me sorprendió la puntualidad de los jóvenes y adultos que iban a participar en esta peregrinación a Los Andes.
Técnicamente, es una peregrinación a pie por 27 kilómetros por los cerros alrededor del Santuario que contiene la tumba de Santa Teresa de Los Andes, en Auco, justo una distancia antes de llegar al pueblo de Los Andes (uno de los más pintoresco de Chile, y también uno de los más calorosos). El día amaneció como los días de la semana anterior, sin nubes y con una briza fresca, muy apto el tiempo para una caminata larga. Llegamos al sitio del inicio de la peregrinación en una hora, por la Carretera Panamericana, yendo hacia el norte desde Santiago.
Tenemos un problema con la Pastoral Juvenil en nuestra parroquia, descubrí. Una falta completa de entusiasmo, para decir lo menos--al bajarme del bus para iniciar la travesía, bajaron también todos los demás pasajeros, menos 12 jóvenes, incluyendo a los líderes de la pastoral juvenil. Ellos, explicaron después, tenían varias quejas de salud: recién operado, recuperándose del bronquitis, etc., etc. Se quedaron en el bus, y llegaron a la meta para esperarnos. Mala honda. Mañana las asesores adultas de la pastoral se reúnen conmigo para examinar el estado actual de la pastoral juvenil en la parroquia.
La caminata misma fue un deleite. El ambiente se puso muy alegre gracias a la buena organización de esta vigésima versión de la tradicional peregrinación, cuyo lema era, "Ay de mi si no evangelizara" (tomada de la primera carta de San Pablo a los Corintos, capítulo nueve, versículo 16-I Cor 9,16), haciendo eco de la celebración anual del Domingo Universal de Misiones el día siguiente en toda la Iglesia católica. La ruta pasó por lindos paisajes, y la Vicaría de Esperanza Jóven--guida por mi buen amigo Padre Galo--puso 12 Estaciones de Animación en el camino, además de puestos de Cruz Roja y de agua distribuída por camiones. Cada estación contaba con la organización de distintas organizaciones eclesiales--las Zonas de la arquidiócesis de Santiago, Colegios, movimientos y congregaciones religiosas--y cubrían distintos temas dentro del mensaje misionero general: "Da testimonio con tu vida", "Anuncia la Buena Nueva", "El Espíritu Santo te impulsa a la misión", ...todos muy familiares para mí, como profesor de misionología, así que por supuesto me encantó tremendamente esta senda de concientización misionera.
Conocí a varias personas, incluyendo a una mujer que tenía que haber tenido setenta años, era la decimoquinta vez que participaba en la Peregrinación, y se le veía muy preparada--completa con sombrero-paraguas, qué pena que no pensé en tomarle una foto. Otras parejas andaban por todo el camino con sus guaguas (bebés) en coche, y eso con un camino muy rocoso y polvoriente por grandes extensiones. "Llegar a la Cruz" era la meta principal para la primera mitad de la ruta--en el kilómetro 18, más o menos, en el pico de un cerro se colocó una gran cruz de metal, y cada peregrino recibía una cruz de cartón con el lema impreso encima para extender y tocar esta gran cruz, y hacer una oración. La mayoría descansaba y tomaba un almuerzo en esta estación, y sitios para sentarse en el pasto bajo las sombras de los árboles númerosos no faltaban para los peregrinos, quienes se estimaban en unos 75.000 personas.
Llegando a la Cruz costó un poco más que cuatro horas, y bajarse los restantes 10 kilómetros otros dos. La Eucaristía del día, para marcar el punto cúlmine de la peregrinación, comenzaba a las 17 horas, así cuando yo llegué a las tres de la tarde, más o menos, fui a orar en la tumba con las masas de personas continuamente pasando por la cripta del templo, y después me ofrecí en el espacio de los confesionarios a celebrar el Sacramento de Reconciliación con los peregrinos que iban llegando con ganas de ponerse bien con Nuestro Padre. En el confesionario se habían colocado varias botellas de agua, gracias a Dios, así que el servicio también me sirvió para recuperarme y sentarme por un rato.
Siempre me ha gustado la forma de celebrar la Eucaristía de esta fiesta espiritual, organizada, otra vez, por el anfitrión, el equipo de la Vicaría de la Esperanza Jóven. Los obispos y sacerdotes, diáconos y seminaristas nos sentamos en la entrada del templo, cara a la plaza abajo, y el altar para la Liturgia de la Eucaristía se colocaba abajo, en el centro de las masas de personas alrededor, marcando claramente los dos espacios litúrgicos distintos para la Liturgia de la Palabra y la Liturgia de la Eucaristía. Hubo también una Procesión de la Palabra para celebrar la apariencia de las Sagradas Escrituras en la liturgia, muy hermosa y emotiva.
Las canciones contaron con expresiones intensas de los participantes, finalizando con la ya tradicional "Tres Cosas tiene el Amor", en cuyo coro todos saltan y se abrazan, levantando una nube de polvo y marcando el final del encuentro. Terminamos el día exhaustos y contentos, haciéndome recordar esa frase de una anciana afro-americana de los EE.UU. quien, después de participar de una larga marcha por los derechos civiles en los años 1960, respondió así a la consulta del Rev. Martin Luther King sobre su estado de salúd: "Mis pies están cansados, pero mi alma está descansada" (My feets is tired, but my soul is rested.).
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